LIBROS. Paseo y compras en la NY Art Book Fair en MoMA PS1

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El domingo con un resfriado horrible y gracias al todopoderoso instagram, nos acercamos al MoMA PS1 para unirnos a la marabunta de gente que iba a la NY Art Book Fair. Yo me fui con el dinero justo porque me conozco y como he perdido las tarjetas pensé que sin problema. Al final nada, caímos como tontos y terminamos comprando “por encima de nuestras posibilidades”. Pero vamos, quién no lo haría? salas y salas de libros de arte y con un subidón de música, gente, calor (y en mi caso medicamentos), quién puede mantener el autocontrol? Bueno, miento. Mucha gente. Según nosotros dos tercios de la tonelada de personas que abarrotaba cada esquina del PS1.

Pero no importa, nos abrimos paso y nos recorrimos cada sala y cada planta con los ojos como platos. Editoriales de todos lados, imprentas locales y pequeñas que hacen sus cositas y editan joyitas, grandes libros de coleccionista, carteles maravillosos… lo que queráis, todo todo estaba ahí.

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Yo me paseaba como drogada por las mesas con mi pañuelo empapado en resfriado para horror de los encargados de los stands, limpiándome las manos en los vaqueros antes de codiciar joyas que tenía que ligeramente seleccionar.

Y finalmente estas fueron nuestras compras y alguno de nuestros fichajes para el futuro.

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Lo primero que cayó en mis manos fue los textos completos de Donald Judd. Llevo detrás de ellos ya 3 años. Hasta el año pasado no se volvieron a editar, y mira lo pesada que debo de ser que cuando salieron me escribieron desde la fundación para avisarme. He pasado últimamente por el 101 de Spring St varias veces y ahí lo he visto parado mirándome con cara de “cómprame ya, no? con la brasa que has dado, guapa!” pero la verdad es que me daba reparo gastarme ese dineral. Pero cuando lo vi en la feria por 27 dólares, me dije “pa la saca!”. Si no habéis leído a Donald Judd, no se a qué estáis esperando.

Por otro lado me llevé también uno de los ejemplares de la revista/colección Gagarin. Artistas en su propia voz. Me costó mucho elegir el número que quería (por solo 10 dólares por cierto!) pero en este salía Olafur Eliasson y Cristina Iglesias y al final salió ganando. Hablando con el editor, nos comentó que cada número tomó un año en completarse. Es breve, casi de comentarios y textos inéditos de los propios artistas pero da la sensación de ser único cuando lo tienes en las manos. Y casi lo es, la colección completa (que es algo así como un resumen de los últimos 17 años del arte contemporáneo desde el año 2000) está disponible con solo 120 copias numeradas y firmadas de la misma por 600 euritos.

A Philosophy of loneliness fue una compra personal de mi novio relacionada con la línea de su trabajo, pero que pienso leer tan pronto él termine.

Y The Temporary Condition me quemó la mano en estos tiempos que corren. En un año en el que he vivido en Middle east, Europa y USA, el tema de la violencia en el entorno es algo que me interesa mucho y que además ando buscando en el arte (pronto podréis leer un artículo sobre esto que preparé este verano). Este libro aún no lo he comenzado, por lo que perfectamente podría ser una patatera sorpresa. Pero tengo un buen presentimiento.

En la caja del deseo se quedaron:

“Curating from A to Z” de Jens Hoffman. Estos libros didácticos siempre me entretienen. Un diccionario del arte contemporáneo. La descripción de “curator” no tenía precio.

También se quedó un libro llamado “Collected good and bad ideas” de Sveinn Fannar Johannsson. Simplemente una colección de papeles con ideas anotadas que fueron olvidados en algún lugar.

Y por último se quedó el libro “Zizek jokes. (Did you hear the one about Hegel and negation?)” de Slavoj Zizek. Por lo que he oído es verdaderamente entretenido, y a mí este hombre, dentro de que me parece que está absolutamente tocado (si queréis lo hablamos otro día), me parece una figura interesante por el simple hecho de ser contemporáneo.

Finalmente nos arrastramos a la salida, con la sensación de que éramos los únicos “not cool” de la fiesta y con muchísima hambre. Y entre un triste donut y un sandwhich como Dios manda, nos dejamos convencer por el Dinner que está justo al otro lado de la calle. Comimos, me tomé mi medicina (una hora tarde) y volvimos a casa cargados de libros y pañuelos usados.

 

 

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