¿Quién decide hoy en día qué es arte?

trump

Una votante de Trump se encuentra con Koons (foto via cfile.daily)

Con todo lo que se ha liado estos días con las elecciones americanas, he recordado la extraña sensación que tuve cuando después de un tiempo en NY trabajando en las galerías y haciendo un estudio sobre el mercado de arte, la relación entre la demanda y el desarrollo de la tendencia artística, llegué a la deprimente conclusión de que quien dice hoy en día lo que es o no es arte, es Trump.

Esa frase medio de coña medio en serio la decía cada vez que me preguntaban ¿Y a qué conclusión llegaste en NY? Unos años después, habiendo pasado por Sothebys, me di cuenta de que Trumps hay muchos, afiné más mi respuesta pero me terminé de convencer de que el dinero es el dinero.

Así que sin temor a plagiarme, rescato este texto que escribí hace unos años ya sobre este mismo tema con algunas correcciones y comentarios a mí misma. Todo muy endogámico.

Aquí os lo dejo, que lo disfrutéis:

Hace poco me preguntaron en una conversación quién pensaba yo que manejaba el arte contemporáneo.

La pregunta del millón. Esto es algo que a veces me preguntan y lo primero que pienso es “¿Cuánto tiempo tienes?”.

Para resolver esta pregunta en NY di 10 millones de vueltas y no quiero ni pensar los libros que leí. Porque al final, mi trabajo de investigación iba de algo que me di cuenta después, respondería esa pregunta.

Pasé de intentar averiguar la relación existente entre las creaciones y motivaciones de los artistas emergentes y el mercado del arte contemporáneo, a simplemente intentar entender por qué hacían los artistas lo que hacían, y para quién.

Partimos de la base (y esto es importante), de que no es lo mismo el mercado europeo, que el americano (no digo nada del asiático, y no digo nada porque no lo conozco). Pero al final la base es la misma, los contactos, el dinero.

Veamos, desde el punto de vista del comprador: ¿quién tiene el poder en USA? Pues según mi experiencia yo diría que 3 comunidades básicas todas ellas de un poder adquisitivo ya no holgado sino alto. Judíos, Gays y Críticos. Dentro de estos grupos en muchas ocasiones encontramos mezclados y disimulando, a los galeristas.

En mi proceso de búsqueda dando palos de ciego, recuerdo particularmente la respuesta de uno de los artistas a los que entrevisté. Era un chaval que hacía flores. Podría extenderme un poco más en su técnica, pero para el caso de esta historia es innecesario (y para la historia del arte también). Era un chico muy majo que vivía en Brooklyn, y vino a traer a la galería una pieza que había vendido, un gran formato.

Entre otras preguntas, una de las que hacía era: ¿Por qué elegiste esta técnica y este estilo? El chico amablemente me contestó: Porque vende. Luego me contó que él trabajaba en no sé qué historias de muebles, y bueno, le parecía bonito lo que hacía y vendía bien, que no tenía ningún significado más.

Con esto me acordé de un profesor que en primero de carrera nos decía que el arte no tiene porqué significar nada, ni tener ningún motivo, que no necesita justificación. Y que tan arte era un cuadro de hotel de carretera como un Cézanne… en fin, de esa opinión ya hemos leído mucho, ¿no? La democracia del arte me merece a día de hoy el mismo respeto que la democracia política.

Pero sigamos con el tema, el otro día comentaba yo, que a buena parte de esos grupos compradores (que cambian de perfil según la zona de la que hablemos del mundo y del país), el arte les da estatus, a compradores, a vendedores y a artistas. Es una moneda de cambio: Tu fortuna puede venir de la cosa más ridícula o incluso vergonzosa, pero no te preocupes. Compra arte y entonces directamente subirás al estatus de mecenas.

Si en cambio decides que tu apellido se conozca por galerista y no por galletero, porque tienes algún tipo de trauma con las galletas, pollos, leche, plásticos o lo que sea que comercializara honradamente tu familia, no te preocupes, tú puedes ser un galerista si lo deseas.

Y aquí enlazo con un artículo que leí en El País que se títulaba “la guerra del lujo es puro arte”, en el que se comentaban ciertas circustancias dentro de los altos manejos del mundo del arte aquí en Europa.

En uno de los párrafos del texto la comisaria Maria del Corral describe:

“Pinault tiene poder y lo utiliza”, sostiene De Corral. “Tengo la impresión de que compra cualquier cosa que exceda de tamaño normal. Arnault es diferente. Es más discreto, y se conoce poco su colección. Y la de Prada que se vio en la Bienal de Venecia me parece muy interesante”.

Se refiere a Pinault, a Arnault, A Prada…a las empresas y empresarios que manejan ahora o pretenden controlar el mercado europeo. Habla de su criterio estético a la hora de comprar. Apasionante, ¿verdad?

Apunto varias perlas del texto con el que comulgo, porque me lo creo, pero no apoyo. Del artículo se puede decir mucho, y la verdad es que da algunos datos curiosos que nos sirven para analizar un poco la psicología de los nuevos mecenas:

“La personalidad de estos magnates si filtra en los monumentos a sí mismos”.

“Las exposiciones en Palazzo Grassi o Punta de la Dogana pueden hacer que un artista sea conocido de inmediato”

“Hay galerias que prestan mucha atención al gusto de Pinault, como dijo un crítico, él es un creador de opinión”

Creador de opinión!! Aquí meto una reflexión de hace una semana en relación a una noticia que salió en los medios, proclamando a los cuatro vientos que el mercado de arte se está regenerando y SE VENDE!!! SE VENDE!!

Y aquí viene mi duda. ¿Nos lo creemos? Y si no los creemos, ¿es bueno que se venda de todo? ¿Al precio que sea y a quién sea?

Ya se que la historia del arte se ha basado en comerciantes, mercaderes, nobles, instituciones y demás poderosos que por medio del arte se han hecho un nombre, una imagen o han encubierto la que no querían que se viera. Sé de la manipulación del arte como sabe todo el mundo. Pero me pregunto si era demasiado pedir que el arte estuviera un poquito por encima de esas cosas.

Nota: Desde que  leí ese artículo, ya sabréis que las cosas han dado dos vueltas de campana, pero aún más el caso me sigue sirviendo para ilustrar la idea de que si el dinero no puede comprar todo, el arte sí, y además lava mejor la suciedad.

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