PARIS. FONDATION LOUIS VUITTON

Louis Vuitton Foundation. Paris (Photo from Art-Days.com)

Louis Vuitton Foundation. Paris (Photo from Art-Days.com)

París siempre es buena idea.
Pero si además hay un espacio de arte nuevo, entonces el plan es inmejorable. Al menos hasta que llegas allí y llueve.

La Fundación Louis Vuitton se encuentra a las afueras de la ciudad, un autobús particular os llevará desde el Arco del Triunfo hasta la puerta de la fundación por el módico precio de 1 euro y algún que otro apretón compartido con el resto de viajeros. También podéis ir en metro hasta Le Sablon y luego caminar unos 15 minutos.

El edificio que veis en la foto es obra de Frank Gehry, sobre cuyo trabajo han podido visitarse recientemente dos exposiciones en paralelo: una retrospectiva en el Centro Pompidou que abarcaba toda su obra, y una segunda, en el propio edificio de la fundación, exponiendo la génesis y desarrollo de este proyecto en particular.

Al llegar, si os llueve sed más listos que nosotros e id a coger un paraguas a la entrada o tened vuestros tickets comprados por adelantado. De otro modo os empaparéis como bobos esperando en la cola, ya que al señor Gehry se le olvidó que en Paris llueve a cada rato y generalmente delante de los museos hay colas en la puerta. Las taquillas están en el exterior y no hay nada que proteja a los visitantes que esperan para comprar sus entradas.

Pasado este mal trago (de agua), podréis acceder a la fundación. A pesar de lo espectacular del edificio, el espacio me pareció modesto, sin grandes lujos, la tienda no es mayor que la de cualquier museo normal, ni muy llamativa, y el espacio de distribución podría ser el de un hotel, de hecho tienes que dar un rodeo detrás de los ascensores para dejar tu abrigo.

Si no tenéis derecho a ninguna de las reducciones, la entradita cuesta 14 euros. El comentario cuando ya estás allí, en las afueras de París y medio en remojo es “ya los puede valer”. Tranquilos, llegaremos a eso.

La colección permanente es bastante variada: Nam June Paik, Thomas Schüte, Tacita Dean, Giacometti, Mona Hatoum, Maurizio Cattelan, Ed Atkins, Bas Jan Ader, Isa Genzken, Rachel Harrison, Annette Messager, Guiseppe Penone, Sigmar Polke, Wolfangs Tillmans, Akram Zaatari y Ellsworth Kelly.

Cuántas mujeres, ¿verdad? Pero más allá de eso tengo que decir que la mayoría de las piezas no son para mi grandes referencias, no me volvieron loca. La colección se ve rápido, y en algunas zonas me resultó bastante inconexa. En cambio me encantaron las piezas comisionadas por la propia fundación, y para el espacio concreto. Generalmente creo que todo encaja mejor en el lugar para el que es diseñado, y en este caso el trabajo de Olaffur Eliasson en el patio pegado a las columnas, me parece increíble. Como todos sus trabajos, la obra se completa cuando paseas por ella, cuando interaccionas con el espacio caleidoscopio que Eliasson crea con la luz del color del sol, con las sombras, con sus reflejos en los espejos, y en este caso también con el agua que se condensaba en sus vidrios donde los niños dibujaban mojándose los dedos, y las parejas dejaban corazones. ¡Ay Olaffur! Volveremos a él después.

Olaffur Eliasson para FVL

Olaffur Eliasson para FVL

Olaffur Eliasson para FVL

Olaffur Eliasson para FVL

Además nos podemos encontrar con los 12 paneles de colores de Ellsworth Kelly, una intervención limpia que brilla entre la arquitectura transparente y ligera del edificio, trayendo tanto color al espacio que dan ganas de bailar delante de ella sin salirse de los márgenes, como si fuera una caja de acción y música de la que al salir vuelves a poner el semblante serio, a ponerte las gafas y recolocarte la bufanda para seguir paseando por las salas de la exposición.

Ellsworth Kelly para FLV

Ellsworth Kelly para FLV

La pieza de Adrián Villar Rojas que se encuentra en una de las terrazas “Donde viven los esclavos”, es como poco inquietante, un trozo de sustrato arrancado del suelo, una muestra estratigráfica de la que asoman partes del cuerpo olvidado, de la vida no vivida.
Un corte con forma de cisterna de agua (según nos dicen en el museo) en el que se suman materiales de todo el mundo, tierras, asfaltos, vegetación y objetos personales del artista que aparecen y evolucionan a partir de la mutación de ellos mismos y su interacción con el medio, que los termina comprimiendo, hasta transformarlos.

Adrián Villar Rojas para FLV (foto de la fundación)

Adrián Villar Rojas para FLV (foto de la fundación)

Ceryth Wins Evans tiene una pieza en una de las salas, de la que comienzas a saber algo antes de verla, un conjunto de notas sonando a la vez, pero sin generar ningún tipo de melodía. Al entrar en la sala ves una estructura tubular transparente que al poco de comenzar a mirarla se convierte en escultura. De cada uno de estos tubos sale una nota de una composición que el artista ha creado evocando del propio edificio de Gehry, lo cual la convierte en una pieza única e intransferible. Las 20 “flautas” son “tocadas por un dispositivo en la parte superior completamente visible.

Cerith Wyn Evans para FLV

Cerith Wyn Evans para FLV

Y hasta aquí puedo leer, porque en el siguiente post hablaremos en concreto de la exposición temporal de Olaffur Eliasson que desde YA aconsejo de nuevo muchísimo y que termina el 23 de este mes de Febrero. Si París no es por ahora una opción, sino solo una idea, estad atentos porque os traemos fotos, textos y hasta un video de la experiencia.

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