DOCU. NATIONAL GALLERY

Ayer aprovechando el Festival de Cine Europeo que ha tenido lugar en Sevilla la pasada semana, decidimos hacer una maratón de alta intensidad y nos fuimos a ver un par de películas seguidas de las que seguramente no quedará ni rastro una vez acabe el festival.

La idea era acabar la semana con algo más suave, un documental sobre la National Gallery de Londres. Bueno pues la idea nos falló. El trailer que veis más arriba es de un ritmo vertiginoso y casi imposible de seguir comparado con el documental en sí.

Sin querer desanimaros en absoluto, nos limitamos a dar datos: así para empezar, la cosa dura tres horitas sin anestesia. Básicamente el documental es de este tipo de trabajos en los que el director ha querido ser más artista que los pintores, y es aquello de “yo planto la cámara sin filtros y sin interrumpir la dinámica real de lo que quiero retratar”. Bueno, pues en mi humilde opinión, un par de preguntas, algo de edición, música y un poco más de criterio en la selección de material no hubieran venido mal. El documental va empalmando escenas de diez minutos en las que ves a los guías explicar cuadros, a los restauradores discutir sobre la obra en la que trabajan, al que abrillanta el suelo pasar la máquina, al equipo directivo reunirse para tratar algún tema, a los de las actividades paralelas dibujar o aprender sobre una obra… y aún así, tal y como lo estoy describiendo me parece mucho más dinámico que lo que vi.

Realmente el documental transmite esa sensación que tenemos en instituciones como la National. Un olor a elitismo, a academia, una mezcla entre respeto y rechazo en un espacio donde uno puede entrar y no salir. Y pasar y pasar por salas, y seguir y seguir viendo, y dejar de ver, y de pronto encontrarse con algo magnífico que le obliga a uno a quedarse pasmado diez minutos disfrutando esa relación que a veces se establece con una obra de arte.

Así me sentí esas tres horas. Si esa era la intención entonces fantástico. Si no lo era, o si simplemente no queréis que se os agarroten las piernas, recomiendo entonces que veáis el documental en casa (aunque ver algunas de las obras que posee la institución en una pantalla de cine es un placer), y que os lo dividáis en capítulos, como si de un documental de la BBC se tratase, deis al “pause” de vez en cuando, comáis algo en los intermedios y salgáis a ver algo menos elevado.

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