El arte de donar

Soledad Lorenzo. Imagen del periódico El Mundo

Soledad Lorenzo. Imagen del periódico El Mundo

No se si voy a quedar fatal con lo que voy a explicar en este post y espero que se entienda lo que quiero transmitir, pero cuando leí la noticia de que Soledad Lorenzo “Donaba 385 obras de su colección al MCARS” lo que pensé fue “qué arte”.

Si algo he aprendido en Sotheby’s es “negocio, negocio, negocio”. Dentro del mundo del arte, especialmente del arte contemporáneo, hay diferentes escalafones, y maneras también muy distintas de llegar a ellos.
En Estados Unidos, algunas son muy evidentes, pero no nos engañemos, aunque el viejo continente sea más elegante, la cosa es la misma.

Puedes ser artista, y llegar a las grandes esferas a través de tus trabajos, tus contactos, los de tu galería, tus extravagancias o tus obras (o todas las anteriores).

Puedes ser galerista y llegar a las cenas privadas por tu selección de artistas, por tus ventas, por tu capacidad para comisariar y tu ojo prodigioso (el ojo artístico, por tu lista de comisarios, o porque tus artistas ya venden a museos (o todas las anteriores).

Puedes ser coleccionista y ser invitado, alabado y entrevistado, por tu magnifico sentido de la oportunidad, por tu capacidad económica y conocimiento del arte, por ser un “visionario” por tu colección, por tus contactos, o por tus donaciones a un espacio de arte (o todas las anteriores).

Puedes ser comisario, y subir también a lo más alto por tu conocimiento del panorama artístico, tu capacidad para entender el desarrollo de los movimientos artísticos que se generan, por tus contactos en museos y fundaciones, por tu capacidad para escribir… (o todas las anteriores).

Y así con críticos, conservadores, directores, gestores de arte, asesores…

Pero el cambio, el click, el momento en el que difícilmente te van a borrar de la lista de VVVVIP es aquel en el que graciosamente cedes tu muy amada colección. No ha sido fácil, es el trabajo de años y años de selección, esfuerzos económicos, mantenimiento de las obras, seguros, gastos de almacenaje, transportes… gastos y preocupaciones. Pero ¿Y lo felices que somos todos cuando la obra por fin está colgada en la pared de esa gran institución? El artista queda consagrado, su trabajo queda en cierta forma avalado y eso sube su precio de mercado. El galerista feliz también, su artista ya es de museo, esto significa ventas, exposiciones, ferias y un sello de calidad para su galería y el resto de su selección de artistas.

Si el artista y el dueño de la galería se han quedado contentos, no quiero decir nada del gozo en el alma que tiene el coleccionista. Antes le ponían tu nombre a una sala, ahora simplemente sales en los periódicos como esa persona que convierte lo privado en público, que ha sabido crear y mantener una colección y que es lo suficientemente generosa para elegir donarla en lugar de dejarla en las casas familiares o venderla (ole ole y ole). Además comienza a respirar mejor, se le queda muchísimo espacio de almacenamiento vacío (que eso es un dinero), se quita de encima seguros, gastos de restauración y riesgos de pérdidas. No ha ganado dinero, pero se ha garantizado un sitio, la seguridad de que su colección está bien cuidada, y se ha quitado de encima una montaña de gastos.

Ahora contemplemos la noticia de el país con todos estos datos en la mano:

Soledad Lorenzo dona un número importante de obras de su colección al Reina. Soledad Lorenzo es además de coleccionista, galerista. Las obras de la colección de Soledad Lorenzo son en su mayoría de sus propios artistas (representados por ella, de los que además continúa teniendo obra). Soledad Lorenzo tiene sus propios proyectos, entre los que con mucha razón está (yo también pensaría lo mismo después de tantos años de trabajo constante en la galería) descansar de problemas.

Un momento! Antes, repasando la desbordante felicidad de los protagonistas de la historia, nos hemos olvidados del causante indirecto de todo este esparcimiento. El museo. ¿Cómo de contento está el museo? Os comento un dato, ¿Sabíais que los museos ya no aceptan alegremente obras donadas en herencia, donaciones abiertas, etc? ¿Sabíais de hecho, que el Whitney Museum fue el resultado de que el Met se negara a aceptar la donación de Gertrud Vanderbilt Whitney?

El Met se negó a acoger la donación ya que no les interesaba el arte moderno americano. Del mismo modo, a día de hoy, ante cualquier donación, la mayoría de los museos tiene un comité que valora las obras ofrecidas, su calidad, valor de mercado, estado de conservación…

Esta semana hemos leído en El País, que el Reina Sofía cerró el 2013 con 2,1 millones de euros de pérdidas, y según el propio museo, ya no podían hacer más recortes por que “lo siguiente sería apagar la luz”. Desafortunadamente, aunque daba la sensación de que con la expo de Dalí del verano pasado, tuvieron que ponerse las botas (un número espectacular de visitas y una cantidad ingente de merchandising de la que el propio Dalí no cabría en sí mismo de orgullo), no parece haber sido suficiente para subsanar el desfase entre pérdidas e ingresos del museo. Una pena en mi opinión porque pienso que a pesar de las exposiciones “blockbuster” el museo ha hecho un trabajo muy interesante en los últimos años.

Esta noticia, y aquel comentario de Soledad Lorenzo cuando cerró la galería diciendo que había hablado con Borja Villel sobre pasar su colección al MCARS, “pero era muy caro”, nos hace pensar, que algo no encaja, algo se nos ha escapado. Soledad Lorenzo se queda con alguna obra, da un par a cada uno de sus sobrinos y deja en testamento todo lo demás al Reina una vez ella ya no esté entre nosotros. No puedo decir nada malo de toda la historia, creo que es un gesto magnífico del que todos los que vayamos al museo disfrutaremos en algún momento. Pero creo que lo correcto es hacer una lectura completa de la situación y de paso aprender un par de cosas sobre alguno de los engranajes de esta burbuja del arte en la que solo se habla de arte, sacrificio, riesgo y cultura.

Simplemente os dejo estos datos, sumad, restad, y decidid si hay que tener o no arte para donar a un museo.

Otro día hablaremos de la ley de mecenazgo…

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